El pasaporte biológico del deportista no es un análisis de una sustancia. Es un perfil. El módulo hematológico registra, a lo largo del tiempo, hemoglobina, porcentaje de reticulocitos y el OFF-score. Cuando esos valores se salen del intervalo individual que el propio atleta ha construido, un panel de expertos puede concluir que es altamente probable el uso de un método o una sustancia prohibidos —transfusión, EPO, manipulación de la masa eritrocitaria— y altamente improbable cualquier otra causa. El Tribunal Arbitral del Deporte acepta ese razonamiento como prueba de la infracción del artículo 2.2 del Código Mundial Antidopaje: uso o tentativa de uso. Lo acepta, sin embargo, solo si las cifras que alimentan el perfil son cifras de muestras válidas. Ahí entra el frío.
La sangre del módulo hematológico es sangre total, en tubo con EDTA. No es suero. No es plasma. Lo que se cuenta son células. El Anexo I del Estándar Internacional de Controles e Investigaciones de la AMA ordena mantener esa muestra fresca durante el almacenamiento y el transporte, con registrador de temperatura, y prohíbe que la sangre total se congele en ningún momento. La razón no es ceremonial. Congelar rompe hematíes. La hemólisis altera volúmenes y concentraciones. Los reticulocitos —células jóvenes, frágiles, esenciales para distinguir una estimulación eritropoyética de una transfusión— dejan de ser medibles con sentido. Un tubo congelado no es un dato del pasaporte. Es un artefacto.
El suero, una vez centrifugado, sí puede congelarse para otras pruebas: isoformas de hormona de crecimiento, módulo endocrino, reanálisis a largo plazo. Confundir ambas matrices es el error que suele aparecer en la defensa y, a veces, en la divulgación. El hielo que conserva una alícuota de suero no es el hielo que invalida un hemograma. El ISTI y las Directrices operativas del pasaporte biológico de 2023 trazan esa línea con el Blood Stability Score: un índice que combina tiempo y temperatura. Por debajo de 85 puntos, la muestra se presume estable. Por encima, o si el registro muestra congelación, el APMU debe excluirla de ADAMS antes de que el modelo adaptativo la convierta en sospecha.
Esa exclusión no es teórica. En el expediente de Evgeny Ustyugov ante la División Antidopaje del TAS, de diecinueve tomas se declararon inválidas dos antes de interpretar el perfil. En Alexander Ivanov c. RUSADA el debate recayó sobre la validez documental de varias muestras. El pasaporte no es la suma de todos los tubos extraídos. Es la suma de los tubos aptos. Invalidar uno puede bajar un pico de hemoglobina, romper una secuencia de OFF-score y dejar al panel de expertos sin el “escenario de dopaje” que la jurisprudencia exige además de la anomalía estadística.
El caso que ha puesto el termómetro en el centro del litigio es Michael Brinegar c. USADA, TAS 2024/A/10291. Al nadador no se le halló EPO en orina. Se le imputó el uso por el pasaporte: reticulocitos altos en julio de 2022 y hemoglobina de 17,2 g/dL el 27 de septiembre. Esa segunda toma —la muestra 11— sostenía, según el propio panel, de forma crucial la tesis de la agencia. Brinegar alegó que el registro de temperatura no bajó de 10,4 °C y que, por tanto, no se refrigeró como manda el ISTI. No hubo prueba de congelación. Hubo prueba de un manejo térmico discutible. El TAS validó la muestra porque el BSS fue 68 y porque no se acreditó que la falta de frío alterara, en concreto, la hemoglobina. Confirmó la infracción. El deportista sostiene que se sustituyó una regla clara —mantener fresco, no congelar— por un índice que la norma no erigió en excepción.
El Código Mundial reparte las cargas con precisión. Se presume que el laboratorio y la cadena de custodia se ajustaron a los estándares. El deportista que invoca un defecto debe probar, por umbral de probabilidad, dos cosas: que hubo una desviación y que esa desviación pudo causar de modo razonable el hallazgo. No basta el termómetro incómodo. Hace falta un nexo entre el frío mal aplicado —o el hielo aplicado donde no debía— y el marcador que condena. En Brinegar el panel entendió que ese nexo no se había tendido respecto de la hemoglobina. En un caso de congelación efectiva de sangre total, el nexo sería otro: la ciencia hematológica afirma que los reticulocitos no sobreviven al hielo. La exclusión de la muestra debería ser la regla, no una concesión.
Queda, para la práctica, una disciplina de tres frases. La sangre del pasaporte se refrigera; no se congela. El suero de otras analíticas puede guardarse a veinte bajo cero; esa conservación no rehabilita un tubo de sangre total que pasó por el congelador. Y el perfil que justifica una sanción de cuatro años no se construye con datos que el propio estándar declara no interpretables. El TAS ha dicho que el pasaporte es un medio de prueba fiable. Lo es cuando el tubo llega como sangre, no como hielo.